jueves, 30 de julio de 2020

"El qué dirán"





Cuantos sueños

reposando en el tintero

por dejarlos a merced

del “qué dirán”.

 

Cuántos anhelos

oxidándose en rincones

ocultos por el miedo

a miradas ajenas.

 

Cuántas decisiones forzadas

reprimiendo deseos personales

por las murallas que se levantan

entre miradas intimidantes.

 

“El que dirán”…

tan antaño y frecuente

retumba entre murmullos

aplaudiendo a los miedos.

 

Ojalá desde niños

se entonen canciones

que fortalezcan al espíritu

ante opiniones ajenas…

 

y se lean cuentos

con moralejas y enseñanzas

donde se entienda claramente

que NO SE TIENE

y que NO SE PUEDE

“gustar a todo el mundo”.

 

Que lo que piensen “LOS DEMÁS”

es “DE LOS DEMÁS”.

 

Y entre juego y juego

y entre risas y lágrimas

y con el correr de los días….

mientras se crece

cada uno

acepte sus limitaciones

y acaricie sus fragilidades.

Pero fundamentalmente

que se abrace a sus fortalezas

y las sienta a flor de piel.

 

Entonces,

solo entonces

construyendo recursos

como salvavidas

ayudarían a discernir bien

entre opiniones

y la realidad que se palpita

en lo profundo de cada ser.

 

Entre lo propio

Y lo ajeno.

 

Aprendiendo a ser felices

entre críticas

y aprovechando la vida

como una gran oportunidad

para ser felices.

 

 M.M.F.

Martina Ferrari.

 

Instagram: mmf.ferarri

Facebook: Martina Ferrari M.M:F.


martes, 28 de julio de 2020



Siempre me pasa.

y se me hace difícil explicar…

 

Hay personas

que se hacen más hermosas

cuando las conozco,

cuando las puedo ver más de cerca

y con solo “echar un vistazo”

me muestran de qué están hechas.

 

¿Será que sus almas

iluminan su cuerpo

y el resplandor

hace que no vea

los detalles físicos?

 

¿Será que sus cuerpos,

como envase

se hacen insignificantes

porque sus espíritus

como contenido

trascienden todas sus carcazas?

 

Siempre me pasa…

Y se me hace difícil explicar.

 

Pero estoy segura

y sé

que son esas personas

que no se creen más que nadie…

aún

teniendo mil cosas

con las que podrían presumir.

 

Que son grandes,

pero ni siquiera lo saben

o no quieren saberlo

y es eso

lo que las hace más inmensas.

Porque no miran desde arriba,

se hacen par…

 

Son las que lograron subir alto,

pero cada tanto

se arrodillan

tendiendo la mano hacia abajo

para ayudar a los que vienen en camino.

 

Las que no se olvidan

de sus raíces

y aunque a veces duden

hacia dónde van

llevan siempre en su bolsillo

un manojo de llaves

para ayudar a abrir puertas.

 

Las que su simpleza

hace que se adapten

a cualquier lugar

sin importarles los lujos.

 

Las que te miran a los ojos.

Las honestas.

Las que respetan.

Las que no presumen.

 

No sé por qué

y te juro

no puedo explicarlo…

 

Hay personas

que cuando las conozco,

y las puedo ver más de cerca…

solo “echar un vistazo”

 

me muestran que el cuerpo,

como envase

es lo único que les queda

y se me hace difícil ver el espíritu

que contienen…

 

Y todo lo que trasciende son sus carcasas…

y no logro ver ese resplandor

que oculte los detalles físicos.

M.M.F.

Martina Ferrari.


lunes, 27 de julio de 2020

"No hagamos trampa"





 

Único,

irrepetible,

como todos.

 

Cada mañana

arribaban a sus oídos

ETIQUETAS

que como verdades absolutas,

encasillaban

su forma de ser.

 

Su conducta:

tal vez incomodaba,

a lo mejor preocupaba

o posiblemente irritaba.

 

Quién sabe.

 

Mientras tanto,

él creía fuertemente en ellas…

así que asumía

el papel asignado,

 

Y ahí se encontraba:

sentado en el último banco del aula,

a la espera de que alguien lo rescate.

 

Todos a su alrededor

yacían en la indiferencia,

y él parecía reposar en sus limitaciones

sin interés alguno

de demostrar lo contrario.

 

Y hasta podría decirse,

que parecía esforzarse

por cumplir

lo que esperaban de él:

“ya estaba escrito”.

 

Quizás la única “solución”

a sus “problemas de aprendizaje”

su “falta de interés”

y su “distracción”

era ACEPTAR

que tenía OTROS TIEMPOS

u OTROS MODOS de aprender.

 

Tal vez, se debía

a una CUESTIÓN CIRCUNSTANCIAL

por la REALIDAD que le tocaba vivir

fuera de la escuela.

 

O dentro de ella.

 

Posiblemente

solo necesitaba

de otras formas

de transitar otro camino.

 

Tantas veces …

como en un “juego de pase de pelota”

se apaga la música

justo

cuando llega a la mano del niño.

 

Y en su inocencia

la sujetan fuerte

la aceptan

y la cargan.

 

Eso es trampa…

dejar en sus manos

una la pelota tan pesada

inflada de fracasos

que no le pertenecen.

 

Corremos el riesgo

de que en ese “pase”,

se encariñe con la pelota

y se rehúse a dejarla

hasta convertirse en una carga

para el resto de su vida.

 

Busquemos la manera.

 

Dejar en sus manos el fracaso

no sería ético.

Estaríamos haciendo trampa.


M.M.F.

Martina Ferrari.


sábado, 25 de julio de 2020

"El punto exacto"





Pareciera

se aliviana el equipaje

cuando se acepta lo propio

y se reconoce lo ajeno.

 

Y por fin se encuentra la punta

de ese matete que habitaba en tu cabeza

y en el centro de tu pecho.

 

Y de a poco

pareciera desenredarse,

mientras vamos aprendiendo a medir

hasta dónde lo que pasa

lastima.

 

Y  pareciera

que hasta el aire es más ligero

provocando más placer

al respirar.

 

Para muchos…

no es “soplar y hacer botella”,

eso de encontrar el punto exacto

para seguir empatizando

sin excedernos.

 

Para no asfixiarnos

en el dolor ajeno.

 

Para no ahogarnos

en las luchas e incertidumbres de otros.

 

Para involucrarnos desde el afecto

en otras realidades:

pero sabiendo tomar distancia.

 

Y así lograr

que la empatía

no se vuelva pesadilla.

 

Entonces…

seguir acompañando,

escuchando, ayudando…

sin dejar de cuidarnos.

 

Porque estando fuertes,

podemos cruzar el abismo

del dolor ajeno,

sin dejarnos caer en él.

Tomando carrera y atravesándolo,

para poder ayudar

desde otro lugar,

incluso más sano:

dejando de ser víctimas

de nuestra sensibilidad.


M.M.F.

Martina Ferrari.



viernes, 24 de julio de 2020

"Entre dichos y refranes"




María y Helena son hermanas.

Mientras viajan hasta el trabajo de Helena, se les para el auto que hace unos días compró María… a un muy buen precio.

Helena: “Te dije, lo barato sale caro…”

María: “Y bueno, sabes lo que pienso: el hábito no hace al monje y a veces las apariencias engañan”

Helena: “Ah sí dale, ¿Sabés cómo te dicen…? Zapata, si no la gana la empata”  e irritada agrega: “de tal palo tal astilla tacaña como papá… entendelooooo   te vendieron palito por yerba … además lo bueno y barato no caben en un zapato”.

María: “El que no arriesga no gana…(resignada) llamá a alguien vos para que nos ayude, que me quedé sin batería”.

Helena: (mientras mira su celular apretando todos los botones) “ ¡Noooo!, éramos pocos y parió la abuela, no me prende el celular”.

María: “jajajja ahhhhh mirá… viste no todo lo que brilla es oro”.

Helena: … (silencio)

María: “Ahhh jajajaj el que calla otorga” (lo dice con satisfacción)

Helena: “Dale que llego tarde”

María: Bueno pará pará… acordate la abuela siempre decía “vísteme despacio que estoy apurado”

Helena: Ajam sí… “a los locos hay que darle la razón” (entona entre dientes)

María: Basta, “Hazte fama y échate a dormir”, no siempre me salen mal las cosas che, ya veo qué hacemos.” Y bajándose del auto le dice a Helena “abrime el capot del auto”

Helena: “¡¿Te podés apurar?! Mónica me va a matar… es re exigente.

María: “Pero relájate perro que ladra no muerde… ¿por qué mejor no me venís a ayudar?. Camarón que se duerme se lo lleva la corriente,  negativa y encima perezosa”.

Y agrega: “A ver probá de arrancar…”

(prueba una vez, dos veces y a la tercera arranca)

Helena: (Gritando) “¡La tercera es la vencida! GENIAAAAA ¿cómo hiciste?”

María: “Más vale maña que fuerza. Ya llegamos, igual …“más vale tarde que nunca”

Helana: “Dale siii ya fue,  es cierto al mal tiempo buena cara” como decía mamá”


M.M.F.

Martina Ferrari.



Cambios abismales





La tiza ya no seca las manos

ni el polvo del pizarrón

se esfuma en el aire del aula.

 

Las mochilas no decoran los pasillos

que forman los bancos.

Y no hay timbre de recreo

Que despierte euforia entre los estudiantes.

 

Los tantos rituales

que hacen a la cultura escolar

extrañan ser percibidos

por los que hacen la escuela.

 

Se desdibujan horarios fijos

con una educación a distancia,

que despinta las miles de oportunidades

de ESTAR frente a otro

que mucho dice con su cuerpo.

 

Las aulas, son la mesa de casa

o los lugares que se le asignen en ellas.

 

Las consignas, aparecen escritas en plataformas.

 

Las tareas, listas para imprimir.

 

Mientras los enriquecedores aprendizajes entre pares

que surgen en el cotidiano encuentro escolar…

quedan a la espera de ser aprovechados.

 

Las preguntas espontáneas a la seño,

quedan suspendidas en el aire

mientras viajan hasta su dispositivo

esperando a ser leídas.

Y las respuestas de ella,

por más esfuerzo que haga

deben esperar el mismo recorrido

hasta ser recibido por el estudiante.

 

Mamá, papá, la hermana mayor,  la tía o la abuela

tomó el lugar de maestro auxiliar

porque la “seño”, sigue siendo la “seño”.

Así que entre todos hacen “malabares”

para lograr aprendizajes.

 

Y aunque se intentaron cambios progresivos,

fueron abismales.

Y aunque se aprovechan las herramientas

y muchos son los esfuerzos

los cambios se dieron a pasos agigantados.

 

Ojalá pronto se vuelva a la escuela.

Por todos: docentes, familias,

pero fundamentalmente, por todos los estudiantes.

y en el nombre de los derechos y justicia que se merecen

quienes pertenecen a los sectores vulnerables.

 

Aunque el ojalá…

tiene el deseo

de lograr la seguridad

de proteger la vida.

siempre en primer lugar.

M.M.F.

Martina Ferrari.


jueves, 23 de julio de 2020

"Cuando pase todo esto..."


“Mamá, cuando pase todo esto…” entona la niña cada tanto, enumerando y expresando sus deseos.

“Si mi amor, que linda idea” responde su mamá, agregando:“Cuando termine todo esto, vemos….” sin permitirse ignorar esos anhelos y alentando a nunca deje de soñar y proyectar…

Aunque inmediatamente y mirándola a los ojos le dice: “Mientras tanto pensemos qué podemos hacer HOY”.

Y la mira a los ojos para asegurarse que la escucha.

Y le habla de pensar en qué hacer HOY, tratando de alcanzar un equilibrio entre el futuro que sueña y a la vez aprender a disfrutar de los detalles diarios, que hacen maravillosa la vida.

Entonces le propone: “¿A qué jugamos?”, recordándole que esa es la ocupación principal a su edad.

Y mientras… piensa en cuántas veces al día sacude sus ideas para tratar de enfocarse exactamente en lo que intenta reflejar: el equilibrio entre proyectar y vivir el presente.

Y la mira a los ojos prometiéndose a sí misma, trabajar en ello, para poder pisotear la incertidumbre.

M.M.F.

Martina Ferrari.


martes, 21 de julio de 2020

"Dicen..."




Dicen

que “todo pasa por algo”…

y generalmente aparece esa frase

después de una mala experiencia.

O cuando alcanzaste la paz,

después de una fuerte tormenta.

 

Dicen

que los golpes de la vida

“son señales”,

para que de ellos “aprendas”…

 

Muchas personas

intentamos justificar todo,

como en las respuestas de un examen…

 

pero esto E S   L A   V I D A.

 

Y muchas son las veces,

que ni revolviendo una y mil veces

en el origen que causó el caos

encontramos respuestas:

porque es injustificable,

o porque nuestros principios y valores,

hacen que así lo veamos.

 

Y seguramente “pasa por algo”

o “por alguien”

que hizo lo que vos NUNCA…

entonces entendés de una vez por todas

que ese “alguien” no sos vos.

 

Y ahí entra el gran dilema…

si empezar a buscar culpables

o empezar a DEJAR DE IGNORAR

los pequeños detalles:

que nos dan grandes indicios.

 

Indicios, señales, avisos…

como queramos llamarlos

para decidir:

por dónde sí y por dónde no.

Con quiénes sí y con quienes no.

A donde sí y a dónde no.

Qué si y qué nunca más.

 

Dicen

“que todo pasa por algo”

y aunque creo que el tema

es no seguir poniendo la mano

donde el fuego…

quema.


Aunque aveces resulte difícil.


M.M.F.

Martina Ferrari.

 

 

 



domingo, 19 de julio de 2020



AMIG@S.

Los que a pesar de las diferencias,

encuentran el umbral justo…

ahí en donde descubren:

el placer de  coincidir.

 

Y entonces,

en ese lugar

preparan con vos el suelo…

para sembrar un hermoso jardín:

con flores increíblemente hermosas.

 

Y con empatía y respeto mutuo

las hacen crecer junto a vos:

llenando el lugar de aromas

a “momentos INOLVIDABLES”.

 

Y te ayudan a plantarlas a distancias justas

para que no se ahoguen.

Y esparcen con vos las semillas

para que crezcan sin necesidad,

de competir por los nutrientes.

 

Y encuentran en ese lugar perfecto,

la luz necesaria,

y la paciencia justa

para esperar a que florezcan.

 

Y tienen la constancia

de regarlas a menudo

con empatía y el respeto.

 

Y además de lo sembrado juntos

se alegran por las flores

que florecen los lugares propios,

los tuyos,

fuera del umbral compartido…

porque saben que te hacen feliz.

 

Y si ven que en alguno de esos lugares

hay flores que se marchitan ,

buscan fertilizantes de aliento

amor y amistad…

porque creen más que vos

en que puedan florecer.

Y ahí

te hacen ver el brote verde

entre plantas que creías muertas.

 

Y cuando algunos jardines personales

 se secan

quedando solo tierra seca,

y sólo queda gotitas de tus lágrimas

para regarlas…

Te ayudan a abonar otra vez la tierra

y sembrar otro jardín…

O simplemente te acompañan

a vivir el duelo,

de una cosecha fallida.

Amig@s,

que a pesar de la distancia,

te hacen llegar bolsas de abono

para mantener el jardín compartido.

Y para hacerte saber,

que ahí están…

para darte una mano

con los jardines que tengas.

M.M.F.

Martina Ferrari.


sábado, 18 de julio de 2020

"Mandatos Sociales. Parte I. Testimonios reales."



16 de Junio del año 2020, 20:45 horas. Noche de invierno en Concepción del Uruguay, Entre Ríos.

Reunión pactada a dicha hora, para llevarla a cabo por medio de una de las plataformas más usadas en estos tiempos: Zoom.

Y “sale zoom”, como decimos ahora, para poder escuchar los testimonios de: Esperanza, Luján y Clara, mujeres de más de 30 años que se animan contar sus experiencias y miradas acerca de “los mandatos sociales”.

Envío la clave de acceso a la reunión por medio de WhatsApp y comienzo a “admitirlas”.

Con los auriculares puestos por la batería que suena de fondo en mi casa, escucho en las suyas: un silencio absoluto.

Luján sentada en una silla y apoyándose en su mesa, expresa, “acá estaba retapizando una silla..”

Esperanza aparece en cámara, con un plato de comida, “acá yo por cenar, porque siempre 21:30 maso, me acuesto a dormir”

Clara reposando en un sillón agrega “y yo con una tarta en el horno, así que la apagué para que no se me queme”, mientras disfruta de un vaso de cerveza.

Todas de pantuflas  y vestidas “de entre casa”, como solemos decir… descontracturadas pero expectantes, demostrando interés para comenzar a hablar del tema en cuestión, el cual les pareció muy atractivo.

Mandatos sociales… establecidos en la sociedad como “normas a cumplir”, que muchas veces se presentan como verdades absolutas, cargadas de prejuicios y miradas intimidantes.

Mandatos sociales… que interpelan, que movilizan y se convierten muchas veces en carga, o en “una mochila” porque son esas verdades que nos inculcaron, que nos “hicieron creer” o que todavía en el año 2020 “nos quieren hacer creer”.

Mandatos sociales… que en muchos casos simplemente se los acata porque no existe la posibilidad de cuestionarlos y otras tantas ponen en duda una decisión que tomamos por el peso que significan frente a la sociedad.

Mandatos que estigmatizan y aparecen en el inconsciente colectivo de la sociedad. En hombres y mujeres… y no vamos a limitarlos solo a aquellos que pasaron más de los 50, porque si bien puede que sean los “opinólogos” más recurrentes … se hacen presentes en todas las edades.

Y porque se van transmitiendo culturalmente, de generación en generación, dentro de la familia y fuera de ella, en ámbitos sociales…y porque se transfieren con acciones y decisiones de “la mayoría”: los mandatos aún son huellas que muchas veces dejan marcas porque quienes está inmersos en ellos, todavía se les hace difícil aceptar la diversidad. Y no me excluyo.

Luján vive sola desde los 23 años, acumulando diversas experiencias como inquilina.

Esperanza, nunca vivió sola. Cuando se fue de la ciudad para estudiar, residió en la casa de su abuela y luego de recibirse, al regresar, siguió compartiendo la casa con su madre. Tiempo después se mudó con su pareja con quien ya no tiene una relación. Es así que actualmente convive con su mamá.

Clara se mudó de la casa de sus padres a los 28 y hasta el día de hoy vive sola en  la casa que alquila.

Adentrándonos en el tema de los mandatos sociales, de la incomodad que sienten o han sentido frente a ellos, surge entre ellas el mandato que les ha tocado de cerca como mujeres de más de 30 y desde mucho tiempo antes, también.

Luján prefiere comenzar, como con la necesidad de expresarse y ser escuchada diciendo: “con respecto a este tema, la realidad es que a mí me costó muchísimo y lo trabajé por mucho tiempo”, asegura  hablando en pasado: “siempre estaba la idea rondando en la cabeza, lo que en general debía ser: la casa, casarse, tener hijos, y el perro” mandato que muchos conocemos en ese orden.

“Tengo 32 años y no tengo nada de eso.  Hoy puedo decir que antes, me pesaba y mucho… pero después aprendí que hay otras realidades que de vida que uno puede aceptarse, escucharse y vivir así”, expresa como habiendo logrado hoy día, sacarse una gran mochila que no le permitía vivir a su manera, asegurando que todo fue parte de un proceso que la lleva a verlo hoy de otra forma. Desde otra perspectiva.

Esperanza, además de coincidir con Luján, plantea con un tono que demuestra hartazgo de lo que menciona, refiriéndose a los mandatos existentes con los que ha tenido que lidiar cuando estaba en pareja: “todo el tiempo alguien acotaba: tantos años de relación, después de convivir, de hacer viajes, ¿por qué no se casan?; ¿¡no piensan tienen hijos!?; y como mientras muchas parejas amigas estaban transitando por esos caminos, era como algo obvio que tenía que pasar…en ocasiones daban por sentado que ya nos habíamos casado.”

Clara respecto al tema, declara: “a mí me pasa en el diario… se da por sentado que yo soy madre”, comenta entre risas, pero para aplacar la impotencia que siente mientras agrega: “me han llegado a preguntar: ¿cómo van los chicos en la cuarentena? y es ahí que tengo que aclarar que no soy madre… lo convivo todo el tiempo, y  más de una vez por día. Un día había un grupo de mujeres donde una, agarrándome el brazo me pregunta: vos… ¿qué nombre le pusiste a tus hijos?”

Como admirada por las suposiciones de la gente, Clara dice: “cuando estoy bien no pasa nada, pero si estoy más o menos llego a casa y me hago tantas preguntas…” y no es para menos, tener que aclarar a alguien que no te conoce y supone… y sin vacilar un minuto dice palabras teñidas de mandatos sociales dando por sentado lo que elegiste para tu vida o como te toca vivirla.

Me pregunto ¿qué hace que supongan’: …¿la forma de hablar?; ¿la edad?; ¿la forma de vestir’?; ¿el peinado?; ¿la forma de desenvolverse?... inexplicable.

Clara agrega: “en mi caso me encantaría compartir mis días con alguien… pero tampoco creo que hay que forzar situaciones. Por eso tengo mis momentos, porque muchas veces lo que pesa es la mirada del otro, la gente no tiene dimensión del efecto que produce en el otro lo que está dando por sentado, pareciera que te meten el dedo en la llaga” y yo agrego, ¡qué molesto!...son como una alarma de recordatorio diario de lo que te falta.

Siguiendo la conversación, todas se escuchan atentamente, y en varias de las cuestiones que menciona una, las otras dos asientan con la cabeza, como sabiendo de lo que está hablando quien se expresa, seguramente porque han pasado por situaciones similares.

            Sus gestos, lo dicen todo… esos sí con la cabeza abriendo los ojos, tanto, que se les arruga la frente. Esbozando una leve sonrisa, pero que no revela alegría, sino más bien una sonrisa de: “¡increíble!, no me pasa solo a mí”.

En medio de las reflexiones y experiencias, todas coinciden en lo que dice Clara: “Muchas veces solo fluyen comentarios que nos hacen sentir TODO EL TIEMPO, que la vida de nosotras es mucho más fácil que cualquiera que tenga una familia.”

Esperanza ejemplifica reafirmando esto, con frases que le han dicho: “aaah ojalá pueda acostarme como vos… que suerte que tenés”; “ahh si yo no tuviera hijos, ni una casa que mantener también iría hacer deporte”.

Así, interponiéndose las opiniones de las tres que ellas mismas organizan, surgen más frases recurrentes como: “ay claro, vos ahora después del laburo te vas a dormir, ¿no?” ; “a vos te sobra tiempo”, “si yo fuera vos…..iría al gimnasio.”

Y a lo que se refieren las chicas, me atrevo a decir, es que el constante “chicaneo”, como llaman ellas mismas, que se toma muchas veces como “chiste” o “broma”… deja de serlo cuando resulta recurrente y en casi todos los ámbitos. Y que ni “pobre” ellas, ni “pobre” el que tiene hijos y una pareja. Y que ni “afortunadas” ellas que tienen los tiempos que los otros suponen, ni “afortunados” los otros que tienen, al llegar a casa, lo que los demás creen.

Las tres siguen enumerando la lista de frases, como si las tuvieran memorizadas de tanto escucharlas: “Para cuando el novio”;  “con ese carácter nadie te va aguantar”; “vos no podes entender porque no sos madre”;  “ya te va a pasar cuando tengas un hijos”.  Y mientras hablan pienso se las han dicho, me las han dicho y seguramente a quien lee alguna vez se las han mencionado…como otras tantas similares: “para cuando el casamiento”; y si estás casada “para cuándo el hijo”; y si tenés el hijo “para cuando el hermano”; y si tenés dos nenas “para cuándo el varón” y así sucesivamente.

Pero deteniéndonos en las que mencionaron estas tres mujeres pienso ¿quién aseguró que buscaban o querían un novio?, ¿quién dijo que quieren que las aguanten?; ¿cuál es la necesidad de recalcar lo que no saben o si alguna vez quieren saber sobre niños?; ¿o si en realidad ese “no ser madre” les está doliendo hasta los huesos porque sí lo desean?...

Todas coinciden en que muchas veces la gente cree que es una circunstancia que vive la mujer  de tal edad, sola, sin pareja y sin hijos..., y en realidad es parte de una decisión, como muchas otras que pueden tomarse en el gran abanico de posibilidades, como personas existen en ésta tierra. Aunque reconocen también que puede deberse a una circunstancia y que desean eso de lo que hablamos, y quizás aún no se dió.

En relación al mandato de la “mujer madre”, cada una se expresa sin titubear:

“No tengo un sentimiento que me diga quiero ser madre”, dice Esperanza segura de  lo que siente. “Lo que mucha gente no entiende o con comentarios te dejan ver que no comprenden es que es una decisión, y  hoy en día yo siento que tengo cosas pendientes antes de tener un hijo”.

Luján y Clara, por su parte manifiestan ante esto haberse planteado el ser mamás. Admiten replanteárselo, pero dudan al ponerse a pensar la responsabilidad que conlleva.

Clara cuenta abiertamente que le encantaría ser madre, “aunque si eso significa, “aguantar” una relación que no me haga feliz, no. Si veo que algo no va por ahí, lo dejo, no me arriesgo a exponer al sufrimiento de una persona que elijo traer al mundo, ni tampoco mi tranquilidad.”

Y pensativa, como reflexionando y tratando de explicar lo que piensa, Esperanza vuelve a intervenir “pienso que el hecho de ser madre da un giro total de tu vida, no es un juguete que compramos…creo que a esta edad hay miles de opciones para traer un hijo al mundo, y estamos decidiendo qué hacer: eligiendo no ser madres por ahora”.

Al fin y al cabo, se presentan mujeres solteras, algunas más decididas que otras en ciertas cuestiones, pero todas coincidiendo en que lo que hacen que hoy sea su realidad son decisiones.

Todas y cada una de ellas,  hablan de HOY. Se enfocan en el presente y saben qué quieren:

Luján define su prioridad HOY: “la familia no es hoy en mi vida lo que quiero y tampoco estoy preparada para una relación, lo que anhelo dar lo mejor en mi trabajo. Hoy priorizo mi vida profesional y nada más, lo demás es consecuencia de ser exitosa en lo laboral”

Esperanza dice segura “mis prioridades son seguir trabajando para ascender y crecer en lo laboral priorizar eso para como consecuencia poder irme a vivir sola, seguir disfrutando viajar con amigas. El trabajo para poder lo demás. El tener una relación y un hijo… dejo que fluya, si va a ser… va a ser.. por eso tampoco digo que el día de mañana, siga pensando lo que hoy”.

Clara dice “Hoy toda mi vida pasa por el trabajo, enfoco todo ahí” asegurando que sabe que eso hoy llena quizás otras cuestiones. “También estoy hablando de HOY, y coincido en que también estoy abierta a una relación, pero si no se da, no se da, no voy a forzar situaciones, lo que no paso no paso no fue no paso, no fue, murió…”

“Sii, eso” interviene Luján “yo sé lo que me hace bien y me hace feliz y si veo que me hace  mal agarro otro camino y me voy para otro lado”.

La conversación que se convirtió en un diván de confesiones, donde todas ejemplifican historias cercanas… de mamás que quedaban en casa, atendiendo a sus con los hijos y un padre que se ocupaba de traer mantener económicamente a la familia, que no piensan que está mal  si es una decisión tomada dentro de la pareja y le hace bien a los dos, pero han visto mujeres “aguantando y perdonando lo que sea” como lo expresa Esperanza y asienten las demás.

Luján cuenta que con acciones y decisiones que han tomado sus padres pudo visualizar las diferencias de lo que vivencia hoy como mujer, que crece profesionalmente y trabaja. Se refiere a los mandatos como huellas marcadas de generación en generación: “indudablemente, mucho peso del que llevo se debe a miradas y concepciones que tenían mis abuelos y mis padres…” Algo muy profundo y certero porque somos ,incluso, antes de existir. Somos los deseos y las idealizaciones de generaciones pasadas que repercuten en nuestra formación. Estamos hechos de historias. De aquellas historias que se fueron escribiendo, incluso antes de que existiéramos: las de nuestros padres, abuelos, y las historias que ellos ya cargaban de sus ancestros.

Refiriéndose al ámbito laboral expresan distintas experiencias de acuerdo al entorno donde se desarrollan:

Luján expresa que no visualiza “discriminación o minimización” del rol de la mujer en su lugar de trabajo, pero si observa que hay más hombres que mujeres en los puestos de liderazgo.

En el lugar que Esperanza trabaja, hay igual cantidad de hombres que de mujeres, y que siente cierta diferencia pero no por el género sino por la edad, “cuando hay que hacer ciertos trabajos me miran como desconfiando, como dudando de lo que puedo hacer o no y por ahí una vez que demuestro, ya no pasa. Creo que la edad define la experiencia o si sos capaz de hacerlo o no”, aclarando en este aspecto, que tiene que demostrar en esas ocasiones para qué está capacitada, aunque esté en un puesto que amerite tomar decisiones.

Clara, por su parte cuenta “me costó mucho insertarme en un rubro muy machista, donde los hombres al tener que tratar conmigo, generalmente los más grandes, no querían hablar conmigo…porque no me veían capaz de hacer el trabajo que hago”, y como se refirió Esperanza, pero esta vez desde una mirada del género femenino, asegura  “muchas son las veces que tengo que demostrar que yo sé de lo que estoy hablando por el rubro en el cual me desenvuelvo”.

            Mientras la conversación fluye, surge la expresión de Luján: “ahh algo que me pasa muy seguido” entonando con muchas ganas de expresarse y diciendo que lo siente como un mandato “si estás sola, estás soltera y un sábado  te acostas a mirar una peli súper feliz, nunca falta el ¿por qué no salís?... como que estoy obligada o sentenciada a eso, ¿para buscar qué?... elijo quedarme a disfrutar de lo que me gusta porque no tengo ganas de ir a bailar”

Esperanza agrega: “a mí me dicen que soy una vieja con 32 años… pero soy feliz, encanta quedarme a mirar una peli, comer algo que me guste mientras disfruto”

Clara coincide “siiii hasta hay veces que me pone de mal humor arreglarme para salir, y piensan que estás deprimido… disfrutamos de otras cosas, y a eso lo disfrutamos ese día, quizás más que el arreglarnos para salir a bailar”.

Ellas diseñadoras de su propia vida, aseguran que cada uno va eligiendo lo que quiere y lo que no,  y que a veces pueden  tardar más o no pueden lograr algo que se propusieron, pero como todos en la vida.

“Por supuesto que hay decisiones que tomamos que nos pesan, pero creo que como a todos y así nos vamos direccionando hacia donde nos parece mejor, y lo que sentimos” dice Esperanza, quien asegura que todavía se replantea situaciones y decisiones… pero insiste en “si algo no me llena no me parece seguir y no pasa por lo material”

Con respecto a lo diario: el mantener sus casa, trabajar y resolver solas los quehaceres cotidianos expresan arreglárselas como puedes y se recuerdan mutuamente los tantos tutoriales con los que contamos hoy para aprender a hacerlas…

Terminando la charla les propongo qué les dirían a los mandatos sociales, y qué les dirían a aquellas personas que tienen en su mirada los mandatos y con opiniones desde su perspectiva teñida de prejuicios, hacen llegar sus comentarios a quienes “se salen de regla”

Esperanza le dice a los mandatos: “Dejame ser feliz” como en un tono que desea tomar distancia de los mismos para poder tomar decisiones sin que le pesen, diciéndole a las personas que mencionamos: “sé feliz”, como deseándoles la felicidad que encuentra ella, esquivando las “normas establecidas”.

 Luján: le dice a los mandatos: “¡pará, que yo soy feliz!”, como “parándole el carro” como dirían algunos, tratando de empujarlos para afuera porque encontró la forma de aceptarse… aunque no encuentra palabras para las personas mencionadas… expresando no saber qué decirles y será tal vez como reflexiona ella misma: “será que no me interesa decirles nada, o que tal vez pienso que yo también a veces puedo llegar a hacer comentarios a quienes no están en mi misma situación y  no me doy cuenta”

Clara, por su parte le dice a los mandatos “no me interesan”, pero a la vez ella misma reconoce “aunque me pesan”, como expresando el proceso que vive a diario, por no dejarse intimidar por los mismos, visualizando que se hace presente la contradicción “no me interesan” pero “cuando me lo dicen…”

A las personas decide decirles:“ busquen lo que les hace felices a ustedes mismos” y ahí aparece la respuesta a lo anterior, en que si cada uno aceptara las decisiones que toma el otro, y estaría ocupado por mejorar su vida o ayudar a los demás, no aparecería el mandato disfrazado de opinión que manchan muchas veces nuestros días.

Manejate”, dice Luján a modo de chiste… mientras todas ríen y distienden el tema que se tornó muy profundo al revolver cada una entre sus sentimientos y emociones.

Es que a veces contesto hasta de forma irónica, pero porque ya no tengo palabras para tantas opiniones”, agrega.

Para terminar todas concluyen en que siempre su situación es atribuida a algo: “vos no te arriesgas”, “tu humor”, “tu forma de ser”… en fin, hay un por qué.. sí, en algunos casos en la decisión que toman, en otros circunstancias de la vida.

 

Tres testimonios entrecruzadas donde se visualizan diferentes vivencias. Tres mujeres que se definen como autosuficientes HOY, pero sin desdibujar la importancia de una pareja para algunos, ni denigrando la función de los hombres en la vida.

Tres mujeres que se atreven a compartir sus realidades en cuestiones que parecieran son cada vez menos, sin embargo suelen aparecer a menudo en sus vidas.

En esta oportunidad, se visualizan algunos de Mandatos sociales, “verdades absolutas” que cuando no son cumplidos en muchas ocasiones se los asocia al “fracaso”, elecciones fuera de la norma que son vistas desde la “rareza”, y como se pudo ejemplificar, se le debe atribuir una causa negativa como si la elección de vida se deba a una falla de quien elija distinto.

Mandatos que muchas veces son ignorados por quienes están seguros de sus decisiones o después de mucho tiempo pudieron aceptarse escuchando lo que dice su corazón y ganas, pero en oportunidades hacen sentir una presión por las miradas ajenas y expectantes y hasta ponen en duda al propio protagonista de su vida de lo que se siente y elige.

Miradas que definen… estigmatizantes, cargadas de etiquetas, de valores e intenciones, que no dejan ver que hay otros objetivos en la vida para proponerse, además del propio, o del que le inculcaron.

Personas que luchan a diario porque esas miradas van volviendo a dejar huellas. Y digo “volviendo” porque ya lograron borrar las heredadas marcadas ellas, acariciando sus deseos y escuchándolos pero se vuelven a encontrar con opinólogos que dejan relucir y definen por cuestiones personales entre comentarios que lo distinto, es “doloroso”.

Empatía. Una vez más. Y me lo digo a mí misma.

Empatía. A veces elecciones. A veces circunstancias. No importa cuál sea la razón, no existe motivo para ser el recordatorio de lo que desde nuestra perspectiva pareciera “falta” de nadie.

Si nos respetaríamos y realmente aceptaríamos la diversidad, en cada rincón del mundo, en el pecho de cada persona, se destrozarían hasta desaparecer la lucha constante entre deseos y mandatos.

M.M.F.

Martina Ferrari


OJALÁ QUE SEA PRONTO

  P ara cuando puedas. Te deseo que logres conquistar, unos buenos lentes. De esos lentes que te muestran primero lo que reflejan tus ojos. ...