La tiza ya no seca las
manos
ni el polvo del pizarrón
se esfuma en el aire del
aula.
Las mochilas no decoran
los pasillos
que forman los bancos.
Y no hay timbre de
recreo
Que despierte euforia
entre los estudiantes.
Los tantos rituales
que hacen a la cultura
escolar
extrañan ser percibidos
por los que hacen la
escuela.
Se desdibujan horarios
fijos
con una educación a distancia,
que despinta las miles
de oportunidades
de ESTAR frente a otro
que mucho dice con su
cuerpo.
Las aulas, son la mesa
de casa
o los lugares que se le
asignen en ellas.
Las consignas, aparecen
escritas en plataformas.
Las tareas, listas para
imprimir.
Mientras los
enriquecedores aprendizajes entre pares
que surgen en el cotidiano
encuentro escolar…
quedan a la espera de
ser aprovechados.
Las preguntas espontáneas
a la seño,
quedan suspendidas en el
aire
mientras viajan hasta su
dispositivo
esperando a ser leídas.
Y las respuestas de ella,
por más esfuerzo que
haga
deben esperar el mismo
recorrido
hasta ser recibido por
el estudiante.
Mamá, papá, la hermana
mayor, la tía o la abuela
tomó el lugar de maestro
auxiliar
porque la “seño”, sigue
siendo la “seño”.
Así que entre todos
hacen “malabares”
para lograr
aprendizajes.
Y aunque se intentaron
cambios progresivos,
fueron abismales.
Y aunque se aprovechan
las herramientas
y muchos son los
esfuerzos
los cambios se dieron a
pasos agigantados.
Ojalá pronto se vuelva a
la escuela.
Por todos: docentes,
familias,
pero fundamentalmente,
por todos los estudiantes.
y en el nombre de los
derechos y justicia que se merecen
quienes pertenecen a los
sectores vulnerables.
Aunque el ojalá…
tiene el deseo
de lograr la seguridad
de proteger la vida.
siempre en primer lugar.
M.M.F.
Martina Ferrari.

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