Único,
irrepetible,
como todos.
Cada mañana
arribaban a sus oídos
ETIQUETAS
que como verdades absolutas,
encasillaban
su forma de ser.
Su conducta:
tal vez incomodaba,
a lo mejor preocupaba
o posiblemente irritaba.
Quién sabe.
Mientras tanto,
él creía fuertemente en ellas…
así que asumía
el papel asignado,
Y ahí se encontraba:
sentado en el último banco del aula,
a la espera de que alguien lo
rescate.
Todos a su alrededor
yacían en la indiferencia,
y él parecía reposar en sus limitaciones
sin interés alguno
de demostrar lo contrario.
Y hasta podría decirse,
que parecía esforzarse
por cumplir
lo que esperaban de él:
“ya estaba escrito”.
Quizás la única “solución”
a sus “problemas de aprendizaje”
su “falta de interés”
y su “distracción”
era ACEPTAR
que tenía OTROS TIEMPOS
u OTROS MODOS de aprender.
Tal vez, se debía
a una CUESTIÓN CIRCUNSTANCIAL
por la REALIDAD que le tocaba vivir
fuera de la escuela.
O dentro de ella.
Posiblemente
solo necesitaba
de otras formas
de transitar otro camino.
Tantas veces …
como en un “juego de pase de pelota”
se apaga la música
justo
cuando llega a la mano del niño.
Y en su inocencia
la sujetan fuerte
la aceptan
y la cargan.
Eso es trampa…
dejar en sus manos
una la pelota tan pesada
inflada de fracasos
que no le pertenecen.
Corremos el riesgo
de que en ese “pase”,
se encariñe con la pelota
y se rehúse a dejarla
hasta convertirse en una carga
para el resto de su vida.
Busquemos la manera.
Dejar en sus manos el fracaso
no sería ético.
Estaríamos haciendo trampa.
M.M.F.
Martina Ferrari.

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