Desbordan los sueños cuando faltan recursos.
Sobran sueños, en la enfermedad.
Se inunda el corazón de sueños, cuando a la luz de la luna,
las cobijas son abrazos y la almohada el hombro del que está al lado.
Se disipan sueños, por falta de oportunidades.
Y se ignoran otros, por la desdicha no saber que cada uno merece el suyo.
Quedan sueños inconclusos, de quienes lo intentaron,
pero murieron en la espera, después de tanta lucha,
esperando que llegara aquello, por lo que trabajaron toda su vida.
Caen sueños al suelo,
rompiéndose en mil pedazos,
porque hay otros que se encargan de hacer temblar el piso
cuando estaba en la punta de los dedos.
Se pisotean sueños, a menudo…
porque algunos se concentran tanto en el propio,
que siguiendo su objetivo, sacrifican los ajenos.
Dichosos los que podemos seguir soñando.
Y pobre de aquel que en la abundancia,
se olvidó de soñar.
Desdichado el que mirando su ombligo,
hizo caer al abismo el sueño ajeno.
Perdiendo la oportunidad de sentir
el doble gozo que significa:
no sólo cumplir el propio,
sino también ayudar a cumplir, el de otros.








