Me falta el lenguaje corporal.
Ese que CONSIGUE DECIR lo que las palabras NO,
y menos aún, cuando la conversación, se entabla por escrito.
¡Gracias tecnologías por existir! Pero me falta.
Disculpen... es que me escapan detalles:
esos que consiguen transmitir más información.
El lenguaje que nos permite descubrir, si es verdad.
El que no da lugar a malinterpretaciones y evita conflictos de manera inmediata.
El que se ve al conversar sin interferencias… y sin espera de señal.
El lenguaje que se relaciona con el afecto, el cuerpo, los sentimientos.
Ese que transmite emociones, mientras acompaña “EL DECIR”.
El que surge de una conversación o una clase.
El que colabora para saber cuán real es la atención…
El que nos hace disfrutar, y refleja lo vivido.
Me falta el guiño que arruga mi ojo cuando estoy bromeando,
y recibir sonrisas inmediatas y espontáneas.
Me faltan las arrugas de la frente, con los ojos dilatados, del asombro.
Me faltan esas manos que acompañan el compás del hablar.
Me faltan “fregadas de cara”, cuando algo no se entiende.
Me faltan el cuerpo en espera expresando ganas de opinar.
Me faltan miradas que dan seguridad
Y cabezazos asintiendo mientras digo…
esas mil maneras de disponerse.
Me falta…sí
el cara a cara que desarrolla la EMPATÍA.
El lenguaje que ayuda a convencer.
El que brinda herramientas.
El que interpela.
¡Gracias tecnologías por existir! Pero me falta.
M.M.F.
Martina Ferrari.

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