Aquella
tarde llegó a casa una cocina nueva. Inesperadamente mientras la
desenvolvíamos, corrió una lagrima en mi mejilla.
Lo
sé… lo material no hace a la felicidad. Hay palacios habitados donde impera la
tristeza y costosos regalos que no alegran el alma.
Entonces
sabía que no era la cocina nueva por lo material, sino por el significado que
le daba.
No
era el precio, ni era el lujo…era una “simple cocina”…pero la nueva, había
dejado atrás la vieja y destartalada, un tanto oxidada y a la que sólo le
andaban dos hornallas. Aún así, no te imaginás el valor que tenía.
Estaba
llena de historias y había sido protagonista durante un largo tiempo, ayudando
a que alimento se convierta en comida y la comida en ofrenda… dando origen a miles
de aromas que perfumaban la casa y la convertían en hogar.
Había
sido testigo de las remodelaciones de la casa mientras ella aguardaba en su
lugar… gloriosa y repleta de experiencias.
Nunca
supe su precio ... porque fue parte de una herencia.
Para
mí valía millones de recuerdos, que superaban cualquier costo.
Aquella
tarde mi cocina nueva hizo correr una lagrima en mi mejilla y no era por lo
material…no me interesaba mostrarla, para algunos “era una simple cocina”.
Para
mí en ella… otro logro, aunque signifique desprenderme de aquella que tenía un inmenso
valor.
El
esfuerzo de lo propio le otorgaba un carácter especial y particular, además de dedicarle
tiempo en la búsqueda y elección de acuerdo a nuestras posibilidades.
Lo
interesante de todo esto, fue ese ejercicio de pensar que la felicidad no tenía
olor a nuevo, ni venía embalada, porque al fin y al cabo pensé en cuantas veces
fui feliz sin importarme el hacer algunos “malabares” al cocinar.
Fue
el recordar una vez más que agradecer es algo maravilloso que te hace ver las
cosas por su valor y no por su precio.
La
“cocina nueva” puede ser cualquier cosa que hayas deseado y logrado con tu
esfuerzo, aunque para muchos es complicado valorar lo que se tiene y lo que se
logra mientras vivimos en una sociedad consumista que hace sonar en la mente melodías
de deseos absurdos con el discurso de “aspirar
a más”.
La
“cocina vieja”, puede ser cualquier cosa que tengas, lo que te rodea …pero no
ves sus defectos ni la falta porque son los momentos compartidos y lo que
provoca lo que deja huella.
La “cocina nueva” revolvió más de lo que imaginé… inmortalizando el nunca dejar de agradecer … lo de antes y lo de ahora… y saber que después de todo felicidad no tiene olor a nuevo, ni viene envuelta en papel… y que alcanzar lo que no tenemos no es la llave que asegure la felicidad, si en el camino y mientras tanto no valoramos lo que ya está en nuestras manos.
M.M.F.
Martina Ferrari.

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