Olor a tierra mojada, los días de verano…
ella, haciendo” lluvia” con la manguera
para apaciguar el polvo en el aire
preparando el patio
para amanecernos
en ese lugar
debajo del árbol
ella y un mate
que aún lo define
como el testigo de tantos secretos.
Dice, la mejor manera que tenía
y hoy conserva
de saber lo que nos pasaba
y nos pasa.
Aroma a galletitas caseras,
con una pizca de membrillo
que hacía en grandes tandas
para economizar gastos…
Ella es la magia que hacía
con lo que había…
haciendo rendir para cinco
lo que muchos hubieran dicho
que no era suficiente.
La rusticidad tiñe sus modales
y sus manos tienen la huella
de lo que ha inventado
en el intento de que nada falte.
Despojada del “qué dirán”
sin renunciar jamás
a su forma de ser
para “quedar bien”
o para "caer bien".
Es la que con paciencia
siempre demostró
que no hacía falta tenerlo todo
y lo mismo que los demás
solo bastaba con ser uno mismo.
La que en el caos,
siempre encontró y encuentra TODO,
hasta la FE
que alguna vez
ha quedado en debajo de algún mueble.
ELLA
quien se ha postergado
incontables veces,
por creer fuertemente
que primero …
nosotros.
Lleva en sus ojos,
el reflejo de mil luchas …
pero su mirada sostiene
más que una multitud.
A veces de distrae y olvida
lo necesaria
importante
valiente
y hermosa que ES.
Tiene una de las sonrisas
más hermosas que ví…
La que ha dado más
de lo que creí posible.
Es resiliencia.
Lo que pudo,
lo que no
lo que puede
y lo que intenta .
Ella...
MAMÁ.
M.M.F.
Martina Ferrari.

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