Palabra, expresión
o gesto
puede ser
también acción,
muestra
de cortesía y afecto…
que demuestra
atención.
Con un gran
valor simbólico,
¡cuán importante es el saludo!,
aunque termina
siendo una carga,
para la
infancia, a menudo…
Mandatos
sociales pesan,
“demuestra
educación,
dar un
beso y un abrazo”
ignorando
la emoción.
Que el
saludo no sea carga
para
nuestra querida infancia,
transmitiendo
un mensaje erróneo
por culpa
de la ignorancia:
al
obligarlos decimos,
entre líneas
y sin querer
“saluda
como te digo,
porque se
puede ofender”
Comencemos
a pensar
en las
promesas del futuro
en vez de
la libertad
les construimos
un muro.
Y así va
pasando el tiempo…
y en la
medida que crecen…
los sometemos
a “reglas”,
que “aceptación”
les prometen.
Que
saluden como puedan
como sientan
y les salga,
siempre
que haya respeto,
no hay
excusa que valga.
Que
saluden como quieran
sin reprimir
emociones,
que no
sea “mal educado”,
quien prefiera
otras opciones.
Que saludar
con un beso,
sea solo
una opción,
que
saluden con la mano,
o través
de una canción.
Que sea “choque
de puños”,
inclinando
la cabeza,
que sea “apretón
de manos”
cada cual
con su destreza…
Que el
accionar como adultos,
los anime
a expresar,
aquello
que incomoda,
porque
alguien los va a escuchar.
Que
saluden superhéroes,
con palabras
o con gestos,
como sapos
o elefantes,
con
contacto o desde lejos.
De a
poquito y con paciencia
ellos podrán
discernir
según a
quién, el cómo
y su saludo
elegir.
Respetemos,
escuchemos
a la
infancia en su esplendor,
dándoles las
herramientas,
para un
futuro mejor.
M.M.F..
Martina Ferrari.

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