Domingo, con lo que ello significa.
Día de descanso…intentando no adelantarse a la nueva semana que
estaba arribando.
El sol encandilando su cara mientras disfrutaba de una relajada
caminata familiar.
De repente… se detuvo.
Es que su mirada en ese momento solo existió para un pino al
costado del camino…
No era cualquier pino, ESE PINO estaba repleto de “Vaquitas
de San Antonio”.
Se detuvo, y entonces, sonrió por fuera y por dentro le
florecieron miles de hermosas sensaciones.
Alzó la voz sin importarle quién pasara por allí… es que la
voz salía del pecho.
Quería contarles a quien la acompañaban para que lo vean…para
que vean lo que ella estaba viendo, y podría decirse que era también ,para
convencerse a ella misma de que estaba pasando de verdad.
“Esto es increíble”, repetía…”¿pueden ver esto?”.
Maravillada intentaba contarlas… porque en una ramita había más
de una.
Sus acompañantes la miraban un tanto confundidos por tanto
entusiasmo: “las vimos…”le respondieron, con tono de “que exagerada”…. “¿vos te
diste cuenta de cómo te pusiste?, le preguntaron.
Pero ella…
seguía sonriendo :
por fuera y por dentro.
Ella soy yo.
Mientras me alejaba del lugar, y todavía … pienso en la
magia que sentí al ver ese árbol.
¿Por qué estaba tan emocionada?
Revolviendo entre mis recuerdos vi una niña … inocente y
curiosa buscando Vaquitas de San Antonio escondidas entre las plantas… pero muy
difícilmente solía encontrarlas.
Una niña que siempre deseaba verlas y aún al crecer seguía
buscando de vez en cuando las famosas “Vaquitas”… por su belleza y con el plus
de la inocente creencia heredada por generaciones de que” si dejas que caminen
en tus manos… traen suerte”.
A pesar de eso… hoy no deje que ninguna caminara en mis
manos… no me atreví a molestar semejante belleza. Las tuve ahí frente mío… y no
una… muchísimas y cuando menos lo esperaba.
Me sentí asombrada, sorprendida, maravillada.
Las contemple unos cuántos segundos…
Y mientras más me seguía alejando, sentí el privilegio de
haberlas visto. Desinhibida frente a los demás expresé mi felicidad por la magia
de sorprenderme sin haberlo planificado dejándome abrazar por mí niña pequeña.
Por haberme pensado.
Por no ignorar el sueño cumplido… de no encontrar una en
alguna planta, sino un árbol repleto de ellas con distintas tonalidades.
Si lo hubiera pensado… descabellado…sin embargo POSIBLE y
REAL… como tantas cosas que soñamos de pequeños y las dejamos olvidadas por creerlas
absurdas o simplemente porque cerramos con llave la puerta que le da paso al
niñ@ que fuimos.
M.M.F.
Martina Ferrari.

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