domingo, 30 de agosto de 2020


Domingo, con lo que ello significa.

Día de descanso…intentando no adelantarse a la nueva semana que estaba arribando.

El sol encandilando su cara mientras disfrutaba de una relajada caminata familiar.

De repente… se detuvo.

Es que su mirada en ese momento solo existió para un pino al costado del camino…

No era cualquier pino, ESE PINO estaba repleto de “Vaquitas de San Antonio”.

Se detuvo, y entonces, sonrió por fuera y por dentro le florecieron miles de hermosas sensaciones.

Alzó la voz sin importarle quién pasara por allí… es que la voz salía del pecho.

Quería contarles a quien la acompañaban para que lo vean…para que vean lo que ella estaba viendo, y podría decirse que era también ,para convencerse a ella misma de que estaba pasando de verdad.

“Esto es increíble”, repetía…”¿pueden ver esto?”.

Maravillada intentaba contarlas… porque en una ramita había más de una.

Sus acompañantes la miraban un tanto confundidos por tanto entusiasmo: “las vimos…”le respondieron, con tono de “que exagerada”…. “¿vos te diste cuenta de cómo te pusiste?, le preguntaron.

Pero ella…

seguía sonriendo :

por fuera y por dentro.

 

Ella soy yo.

Mientras me alejaba del lugar, y todavía … pienso en la magia que sentí al ver ese árbol.

¿Por qué estaba tan emocionada?

Revolviendo entre mis recuerdos vi una niña … inocente y curiosa buscando Vaquitas de San Antonio escondidas entre las plantas… pero muy difícilmente solía encontrarlas.

Una niña que siempre deseaba verlas y aún al crecer seguía buscando de vez en cuando las famosas “Vaquitas”… por su belleza y con el plus de la inocente creencia heredada por generaciones de que” si dejas que caminen en tus manos… traen suerte”.

A pesar de eso… hoy no deje que ninguna caminara en mis manos… no me atreví a molestar semejante belleza. Las tuve ahí frente mío… y no una… muchísimas y cuando menos lo esperaba.

Me sentí asombrada, sorprendida, maravillada.

Las contemple unos cuántos segundos…

Y mientras más me seguía alejando, sentí el privilegio de haberlas visto. Desinhibida frente a los demás expresé mi felicidad por la magia de sorprenderme sin haberlo planificado dejándome abrazar por mí niña pequeña. Por haberme pensado.

Por no ignorar el sueño cumplido… de no encontrar una en alguna planta, sino un árbol repleto de ellas con distintas tonalidades.

Si lo hubiera pensado… descabellado…sin embargo POSIBLE y REAL… como tantas cosas que soñamos de pequeños y las dejamos olvidadas por creerlas absurdas o simplemente porque cerramos con llave la puerta que le da paso al niñ@ que fuimos.

 

M.M.F.

Martina Ferrari.


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