Creo
que el hogar
no se encuentra.
El hogar se
construye.
Y no hablo
de ladrillos
ni de levantar
paredes.
El hogar se
construye,
comenzando
siempre
desde uno
mismo.
Desde el
pecho propio
hacia afuera.
Desde los
cimientos, como quien dice.
Para recién después
poder
edificar...
brindando lo
mejor de vos
para poder
construir castillos con otros.
O no.
Y no hablo
de ladrillos
ni de levantar
paredes.
Porque a
veces la casa
no tiene espacio
físico fijo…
A veces es
alquiler temporal
y las
mudanzas son frecuentes.
Me refiero a
ese espacio,
donde existe
un terreno propio.
Tan propio
como único
inherente a
todo ser humano.
Cuando lo
vemos y reconocemos
mirando el
interior
como punto
de partida
aparece ese
hogar.
Entonces
entendés
que es hogar
cuando sentís
en el pecho
la magia
de estar en
el lugar indicado.
Donde podes
ser vos
sin nada que
te condicione.
Donde podes
encontrarte
tejiendo sueños
con el alma
desnuda
y el
espíritu en todo su esplendor.
Es el lazo
emocional
que ambienta
nuestra alma
convirtiéndose
en refugio
donde nos
sentimos a salvo.
Y desde ahí,
“ampliamos”
como quien dice…
Lo material solo
es testigo
de los
afectos tejidos
entre corazones
que laten
bajo el
mismo techo
o un de un solo
corazón
que late por
cumplir sus sueños.
Testigo
de la llama de
tu pecho
en todo su
esplendor,
y de las
veces que tuviste que soplar
o hacer
viento con una revista
porque se
estaba apagando.
O las veces
que con otro/s
lograron
juntos mantener la chispa encendida.
El hogar son
las almas
que se
mantienen a salvo
transformando
en paraíso
lo que les
rodea.
Las que se
vuelven protección
en las grandes
tormentas.
El hogar es
la calma.
La ofrenda
del espíritu
que siembra
tanto
hasta cosechar
una hermosa
sensación de
paz.
Y a veces hay
casas
llenas de
lujos
pero quienes
la habitan
todavía no encontraron
su hogar…
quedando suspendidos
en la espera
de que las
cosas materiales
hagan magia
en sus almas
para poder
encontrarse.
El hogar se
construye,
comenzando
siempre
desde uno
mismo.
El terreno
propio
no siempre
es perfecto
a veces cruzas
con almas
que entrelazándose
con la tuya
te ayudan a prepararlo
y vos ayudas
poniéndole todo
desde eso
tan tuyo
logrando construir
un edificio inmenso
un hogar
compartido.
Desde el
pecho propio hacia afuera.
Desde los
cimientos, como quien dice.
Para recién después
poder
edificar....
Y entonces
si vienen
tempestades
que arrasen contra
lo material
tan efímero como
inestable…
Y si vienen huracanes
que arrasen
contra hogares compartidos…
Siempre
encontrarás
en el medio
de tu pecho
un terreno
tan propio y tan único
para volver
a construir
un
maravilloso e increíble
HOGAR.
M.M.F.
Martina
Ferrari.

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